APARICIONES EN MEDIOS | La Gaceta de los Negocios, 10.06.2012
Este es el motivo por el que cada vez son más las voces que exigen una mayor unión política y económica, no sólo monetaria, del proyecto europeo. “Más Europa”, en palabras del vicepresidente de la comisión de Asuntos Económicos y monetarios del Parlamento Europeo, Pablo Zalba, para evitar la quiebra del euro.
Las voces que defienden una mayor integración –política, fiscal, bancaria, y no sólo monetaria– cobran fuerza. Los ciudadanos dudan de la capacidad de los actuales líderes para salir de la crisis.
La única autoridad de Bruselas que todavía no se ha aventurado a vislumbrar los ya famosos brotes verdes es el presidente de la Comisión Europea, el portugués José Manuel Durao Barroso, quien aunque se esfuerza por lanzar mensajes de calma, ha evitado en todo momento hablar de una inminente recuperación económica.
A nivel de la calle, la sensación ciudadana es que los líderes europeos no saben lo que hay que hacer para salir de la crisis. La gente ha oído demasiadas veces que esta o aquella decisión política iba a poner fin a un problema concreto. Ocurrió con el primer rescate a Grecia, y luego con el segundo. Pero lo cierto es que ahora ya se habla de una posible tercera intervención en el país heleno.
Ocurre lo mismo después de cada cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea. Los líderes se reúnen, debaten durante horas, aprueban un supuesto plan milagroso que acabará con un determinado problema y una sensación de alivio recorre la sede del Consejo Europeo. Al día siguiente, la Prensa internacional se llena de titulares grandilocuentes y, al cabo de algunos meses, semanas e incluso días, el mismo problema vuelve a resurgir con más fuerza.
Un problema que tiene nombre (crisis de la deuda soberana) y apellidos (crisis del sector financiero), y que eclipsa irremediablemente cuestiones como el paro y el crecimiento.
Y es que mientras los mercados no se toman ningún descanso a la hora de especular con la deuda, en Bruselas las cosas van muy despacio. No sólo hay que poner de acuerdo a los 27 jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea, sino a las diversas instituciones comunitarias e incluso a los departamentos que las componen, inmersos muchas veces en desavenencias internas.
Este es el motivo por el que cada vez son más las voces que exigen una mayor unión política y económica, no sólo monetaria, del proyecto europeo. “Más Europa”, en palabras del vicepresidente de la comisión de Asuntos Económicos y monetarios del Parlamento Europeo, Pablo Zalba, para evitar la quiebra del euro.
En la misma línea se han venido pronunciando estos días los máximos dirigentes de otras instituciones comunitarias. Así, el presidente del BCE, Mario Draghi, señaló: “La crisis ha puesto en cuestión la creencia miope de que se podía continuar con una unión monetaria sin evolucionar hacia algo mucho más estrecho y vinculante”. Por su parte, el jefe del Ejecutivo comunitario ha advertido recientemente de que los socios de la Eurozona “tienen que profundizar su integración hasta lograr una unión económica y monetaria completa”.
La cumbre de líderes europeos que tendrá lugar a finales de junio fijará como prioridades establecer un calendario y sentar las bases para avanzar en esta dirección. Sin embargo, las negociaciones se antojan complicadas.
Vetar los presupuestos
Ya no se trata sólo de fijar un máximo en el déficit estructural que pueden alcanzar los Estados miembros, sino de controlar y en su caso vetar los presupuestos que aprueben los distintos Parlamentos nacionales, crear una suerte de unión bancaria que evite el deterioro del sector financiero y avanzar en la emisión de deuda conjunta. Asuntos todos en los que no será fácil acercar posturas, ya que Alemania, Reino Unido y los países periféricos tienen visiones muy distintas al respecto.
Por ejemplo, Berlín, erigido en máximo defensor de la austeridad presupuestaria para contener la crisis de deuda, está a favor de reformar los tratados comunitarios para que la UE pueda controlar los presupuestos que aprueben los Estados miembros, pero siempre ha rechazado la idea de emitir eurobonos. Por su parte, en Londres no quieren ni oír hablar de más reguladores comunitarios. Los países periféricos, en cambio, están a favor de ceder en cuestiones de austeridad, pero a cambio piden la creación de eurobonos.
En definitiva, los socios europeos harán todo lo posible para tratar de ponerse de acuerdo con el objetivo de alcanzar una mayor integración a todos los niveles, haciendo que la Unión Europea hable con una sola voz y no con 27.
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